Por un mundo sin patios traseros

PATIO TRASERO

Los que tuvimos la suerte o el destino de nacer y criarnos en casas que al fondo tenían un gran patio trasero, conocimos que desde allí se proveía de insumos alimentarios para el consumo hogareño. Con gallineros que aportaban aves y huevos, la huerta con verduras y hortalizas, sumadas las plantas frutales. Todo aportaba a una económica y sana alimentación familiar.

Casi todos esos espacios tenían un galponcito para el guardado de herramientas y cuanto cachivache en desuso, puesto a resguardo por las dudas que algún día volvieran a ser necesarios. Infaltable también una bomba de agua manual que proveía el riego y las reparadoras refrescadas de verano.

Muchas veces se accedía al fondo pasando por una parra que además de sus frutos de uva chinche, brindaba sombra en horas de la siesta.

Además, el patio trasero era el lugar más propicio para desarrollar los juegos que nuestra imaginación nos entregaba, con una sola zona de peligro, el temido pozo ciego o negro, recolector vergonzante de las aguas servidas.

Al crecer y dejar la aldea, vamos perdiendo el romanticismo de nuestros recuerdos infantiles al descubrir que los países poderosos, fuera de sus fronteras también tienen sus patios traseros. Desde allí obtienen los alimentos al precio por ellos fijado, llenan nuestros “galponcitos” con sus excedentes de producción, que llegan a valores que a la industria nacional le es imposible competir. En su ambición, se llevan los recursos naturales (agua potable, petróleo, gas, minerales) mediante aceitados sistemas y procedimientos administrativos elaborados concienzudamente por estudios de abogados y economistas enquistados en los estados por los gobiernos amanuenses de su poder.

En Latinoamérica nos sobra experiencia sobre ese accionar, desde el latrocinio de la conquista española sobre la plata del Potosí, la Fruit Company arrasando con las frutas tropicales de América Central, la Ford con el caucho del Amazonas, los cafetales colombianos, el petróleo venezolano, La Forestal con el tanino y el quebracho, el algodón del Chaco, la lana patagónica y la carne vacuna en Argentina, el cobre chileno, los minerales de los Andes, todo a precios ridículos para alimentar la población e industria del primer mundo.

No sólo se perdió económicamente, millones de vidas desobedientes fueron segadas, como gobiernos nacionales y populares derrocados, al solo fin de sostener el perverso sistema, que a lo largo del tiempo se fue sofisticando, al punto que las corporaciones económicas devoraron a los estados soberanos transformándose en supranacionales con domicilios en guaridas fiscales, utilizando un sistema financiero de créditos que garantizan dependencia y empobrecen más aún a los pueblos, apalancado en la colonización cultural con el uso de armas masivas de destrucción neuronal a través de la industria del entretenimiento, las redes sociales y los medios de comunicación generadores de sensaciones.

En 500 años de historia del saqueo, los ejemplos sobran, en esta décima edición desde el ARGENTINA FICiP, en medio del devastador efecto de la pandemia producida por el COVID 19, donde los países ricos utilizan las salvadoras vacunas como arma geopolítica y ante esta situación que nos coloca a las puertas de un necesario cambio de orden mundial más equitativo y socialmente justo, como suramericanos queremos alzar la voz manifestando nuestra voluntad y convicción de

NO SER EL PATIO TRASERO DE NADIE.